RENOVACION….

mayo 26, 2011 by  
Filed under Crecimiento Interior

Si tienes el hábito de juntar objetos inútiles en este momento, creyendo que un día (no sabes cuando) podrás precisar de ellos…Si tienes hábitos de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar que ya no usas hace bastante tiempo. Y, dentro tuyo…?

Entonces tienes el hábito de guardar corajes, resentimientos, tristezas y miedos…….

Esto es reflejo de anti prosperidad.

Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida. Es preciso eliminar lo que es inútil en ti y en tu vida, para que la prosperidad venga.

Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que tu deseas. Mientras estes material o emocionalmente cargando cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades. Los bienes precisan circular. Limpia los cajones, los closets, la cocina, el cuarto del fondo, el garaje, elimina todo lo que ya no usas más.

La actitud de guardar un montón de cosas inútiles amarra tu vida. No son los objetos guardados que estancan tu vida, sino el significado de la actitud de guardar. Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Es creer que mañana podrá faltar, y no tendrás medios de proveer tus necesidades. Con esa postura, estás enviando dos mensajes para tu cerebro y para tu vida:

Primero: Tu no confías en el mañana. y, Segundo: Tu crees que lo nuevo y lo mejor no son para ti, ya que te alegras con guardar cosas viejas e inútiles. que tal?

Elimina lo que ya no usas, y deja entrar lo nuevo en tu casa y dentro tuyo!

Limpiemos el subconsciente y aceptemos la llegada de situaciones nuevas a nuestra vida.

LOS VERDADEROS MILAGROS…

mayo 23, 2011 by  
Filed under Cuentos para Reflexionar

Tres personas iban caminando por el bosque. Uno era un sabio con fama de hacer milagros, otro un poderoso terrateniente del lugar y el tercero, que iba detrás de ellos escuchando la conversación, era un joven estudiante, alumno del sabio.

El terrateniente comentó:

-Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que eres capaz de hacer milagros.

-Soy una persona vieja y cansada… ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros?, respondió el sabio.

-Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos. Esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso.

-¡Ah! ¿Te refieres a eso?, dijo el sabio.

-Tú mismo lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo sólo le pido a Él que le conceda un favor al enfermo, o al ciego; todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.

-Yo quiero tener la misma fe que tú, para poder realizar los milagros que haces. Muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.

-¿Volvió a salir el sol esta mañana? preguntó el sabio.

-¡Claro que sí!, exclamó el poderoso terrateniente.

-Pues ahí tienes el milagro de la luz.

-No, yo quiero ver un verdadero milagro, haz que se oculte el sol, saca agua de una piedra, sana a un animal herido tocándole con tu mano. Algo así quiero ver.

-¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?”.

-Sí, fue un varón y es mi primogénito, respondió el terrateniente.

-Ahí tienes el segundo milagro, el milagro de la vida.

-Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.

-Fíjate bien, estamos en época de cosecha, ¿No hay trigo dónde hace unos meses sólo había tierra?

-Sí, igual que todos los años.

-Pues ahí tienes el tercer milagro.

-Creo que no me he explicado bien, lo que yo quiero… el sabio le interrumpió.

-Te has explicado bien, pero yo ya he hecho todo lo que podía hacer por ti. Si no encontraste lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero no puedo hacer más.

El poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba.

Cuando el poderoso terrateniente estaba lejos, el sabio se dirigió a la orilla del camino, tomó a un conejo enfermo y herido, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

El joven dijo: Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo?

-Lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo apreciarlos. Para ser maestro, primero hay que ser alumno.

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“No puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido”

SOLO QUIERO AIRE….

mayo 23, 2011 by  
Filed under Cuentos para Reflexionar

Un joven fue a ver a un sabio maestro y le pregunto:

-Señor, ¿que debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.

El sabio no contesto. El joven despues de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marcho y volvio al dia siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvio por tercera vez y repitio su pregunta:

-¿Que debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le dijo:

-Ven conmigo.

Y se dirigieron a un rio cercano. Entro en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyo en los hombros del joven y lo sumergio en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de el, alli lo mantuvo. Al fin lo dejo salir y el joven respiro recuperando su aliento. Entonces pregunto el sabio:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿que era lo que mas deseabas?

Sin vacilar contesto el joven:

-Aire, queria aire.

-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

¿No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.

-Entonces -contesto el sabio-, para conseguir lo que te quieres debes quererlo con la misma intensidad que querias el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demas. Debe ser tu unica aspiracion dia y noche. Si tienes ese fervor, conseguiras sin duda lo que quieres.

NUESTRA ACTITUD…

mayo 23, 2011 by  
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Doña Rosa era una ascensorista de un viejo edificio de juzgados en Bogota que usualmente estaba Congestionado de visitantes, los cuales, asustados, perdidos, molestos, afanados o simplemente apaticos, esperaban atiborrarse en uno de los viejos ascensores.

Cuando se abria la puerta, la multitud que salia
empujaba a la que queria entrar, armando un caos que se repetia en casi todos los pisos; ademas del calor y los olores concentrados en el elevador.

A pesar de esto doña Rosa cuidaba su maquina como si fuera la mas fina y valiosa.Cada mañana, ella brillaba las partes metalicas y la aseaba lo mejor posible.

De todas maneras andaba sonriente y entusiasta, saludaba y despedaa al abrir las puertas, disfrutaba sorprendiendo a sus viajeros frecuentes al recordar sus nombres, hacia bromas para que la gente sonriera, y respondia de buena gana a toda clase de preguntas.
Aparte de eso vendia papel oficial, sellos de correo, y en sus pocos ratos libres le encantaba tejer ropa para bebes.

Un dia alguien le pregunto como podia permanecer tan contenta en esa clase de trabajo incomodo, rutinario y mal pagado.

A lo que ella contesto:

– Muchas personas creen que yo actuo asi por la gente,
pero en realidad lo hago por mi. Cuando trato bien a mis pasajeros me siento satisfecha, si los ayudo, la mayoria me trata bien y me aprecia.

– Se que mi ascensor es viejo y mal mantenido,
-continuo-, pero cuando lo limpio y lo brillo,
me estoy cuidando a mi misma, porque aunque no
es mio, vivo en el muchas horas de mi vida
y si lo trato bien, me va a servir mejor.

– ¿Y todos los otros ascensoristas piensan asi
-le preguntaron- .

– No, -respondio-, algunos de mis compañeros piensan
que su tiempo de trabajo no les pertenece a ellos.
Dicen que es el tiempo de la empresa.
Parecen ausentes, es como si murieran a las ocho
de la mañana y resucitaran a las seis de la tarde.
Suponen que trabajando de mala gana van a maltratar al jefe o a otros, cuando en realidad es el tiempo de su vida, algo que nunca van a recuperar.

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Es un buen ejemplo de que resulta facil convertir lo ordinario y lo rutinario en algo divertido y extraordinario.
Todos los dias podemos hacerlos diferentes.
Las actividades y las personas se vuelven aburridas cuando le quitas el corazon a lo que haces.
¿Como podriamos hacer mas extraordinaria nuestra vida?
La aventura no esta en lo que hacemos , sino en nuestra actitud de como lo hacemos.

¡¡¡ Bendiciones !!!

EL COFRE DEL TESORO…

mayo 23, 2011 by  
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Erase una vez un anciano que habia perdido a su esposa y vivia solo.
Habia trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habian dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podia trabajar.
Las manos le temblaban tanto que ya no podia enhebrar una aguja, y la vision se le habia enturviado demasiado para hacer una costura recta.
Tenia tres hijos varones, pero los tres habian crecido y se habian casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que solo tenian tiempo para cenar con su padre una vez por semana.
El anciano estaba cada vez mas debil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.
-No quieren estar conmigo ahora- se decia- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.
Se paso una noche en vela pensando que seria de el y al fin trazo un plan.
A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidio que le fabricara un cofre grande.
Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidio que le diera un cerrojo viejo. Por ultimo fue a ver a su amigo el vidriero y le pidio todos los fragmentos de vidrios roto que tuviera.
El anciano se llevo el cofre a su casa, lo lleno hasta el tope de vidrios rotos, le hecho llave y lo puso bajo la mesa de la cocina.
Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.
-Que hay en este cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.
-Oh, nada- respondio el anciano- solo algunas cosillas que he ahorrado.
Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.
-Debe estar lleno con el oro que ahorro a lo largo de los años- susurraron.
Deliberaron y comprendieron que debian custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y asi podrian cuidar tambien de el.
La primera semana el hijo menor se mudo a la casa del padre, y lo cuido y le cocino.
A la semana siguiente lo reemplazo el segundo hijo, y la semana siguiente acudio el mayor. Asi siguieron por un tiempo.
Al fin el anciano padre enfermo y fallecio.
Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabian que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podian costearse un gasto grande con el viejo.
Cuando termino la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre.
Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.
-Que triquiñuela infame!- exclamo el hijo mayor.
¡Que crueldad hacia sus hijos!
-Pero, ¿que podia hacer?- pregunto tristemente el segundo hijo-. Seamos francos,de no haber sido por el cofre, lo abriamos descuidado hasta el final de sus dias.
-Estoy avergonzado de mi mismo- sollozo el hijo menor. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que el nos enseño cuando eramos pequeños.
Pero el hijo mayor volco el cofre para asegurarse de que no hubiera ningun objeto valioso oculto entre los vidrios.
Desparramo los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.
Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripcion que el padre les habia dejado en el fondo:

“Honraras a tu Padre y a tu Madre ”

ESTO TAMBIEN PASARA….

mayo 23, 2011 by  
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Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: – Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…

Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

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Lo más importante es no identificarse con las circunstancias de la existencia; la vida es como una película, y es de hecho una película que tiene un principio y tiene un fin. Distintas escenas van pasando por la pantalla de la mente; el error más grave de nosotros consiste en identificamos con esas escenas.¿Por qué? Porque pasan, sencillamente porque pasan; son escenas de una gran película y, al fin, pasan.