REFLEXIONES SOBRE NUESTRA ALMA GEMELA….
agosto 25, 2009 by LUNA
Filed under Almas Gemelas
Las almas gemelas son parte del grupo de almas que forman las conexiones karmaticas, pero se trata de dos personas que se destacan muy por sobre el resto de ese grupo en la mayoría de los aspectos de compatibilidad mutua. Su conexión usualmente proviene por haber compartido varias vidas pasadas que les han sido mutuamente positivas.
Las almas gemelas pueden estar encarnadas en esta dimensión con nosotros o estar como guías nuestros en la otra dimensión, dándonos valor y ayudándonos.
Nuestras almas gemelas nos conocen bien y comparten con nosotros muchas experiencias intensas y/o que nos acercan sentimental y emocionalmente.
Lo que se experimenta al producirse el encuentro con su alma gemela, la primera vez que ocurre dicho encuentro o en un tiempo posterior, puede manifestarse con algunas emociones muy especiales como sentir una energía frenética, que su corazón deja de latir, una sensación que se transmite por toda la piel, y otras manifestaciones emocionales y físicas que manifiestan la intensidad de nuestro deseo interior de estar con esa persona para siempre.La misma experiencia de encontrarse con su alma gemela puede provenir de la comunicación que hace nacer los sentimientos que crean un lazo amoroso el cual deseamos que dure por toda una vida.
El amor a primera vista puede reflejar una intensa sensación de intimidad que puede indicar que nos hemos encontrado con alguien a quien hemos amado en alguna vida pasada. La otra manera de sentir que estamos con nuestra alma gemela puede ocurrir después de haber estado con esa persona en un número de ocasiones posteriores al primer encuentro. Esto también puede manifestarse como algo repentino, como al sentir celos cuando alguien muestra interés por esa persona, o la repentina aceleración de los latidos del corazón cuando quedamos cerca de él o ella. La atadura espiritual de las almas gemelas puede emerger después de un tiempo y usualmente causa un sentimiento como si se hubiera compartido un pasado entre esas personas lo cual implica el presentimiento de un futuro feliz como pareja. En términos de las vidas pasadas, proyectamos nuestro futuro con esa otra persona en base a una o mas experiencias compartidas en las vidas pasadas. El recuerdo de ese tiempo compartido juntos puede despertar las sensaciones asociadas en nuestra mente subconsciente al primer encuentro o después de sucesivos encuentros.
Algunas preguntas que la gente suele hacer son: “¿Alguna vez voy a encontrar mi alma gemela?”, “¿Estoy con mi alma gemela ahora?”, “¿Es él/ella mi alma gemela?”, “Algo ocurrió, pensé que él/ella era mi alma gemela, ¿qué ocurrió?”
Posiblemente esas preguntas se relaciones con el problema común de la búsqueda de un amor incondicional e ilimitado. Esto puede reflejar la experiencia de amor por parte de ambos o uno de nuestros padres lo que para la mayoría ha sido sentido como incondicional e ilimitado. Ningún romance comparte esas características, ninguno es ni incondicional ni ilimitado.Cuando nuestras experiencias reales no cumplen con esos estándares muchos de nosotros suponemos que no hemos encontrado la persona adecuada, y que cuando encontremos a la persona adecuada entonces quedaremos realmente conformes con la relación. Así podemos ir de relación en relación buscando algo que no existe fuera de nuestra relación materna/paterna.
El encuentro con quien hemos sentido como alma gemela nos permite la oportunidad de iniciar un romance amoroso y para hacerlo crecer hacia algo superior que signifique un lazo amoroso fuerte y duradero con niveles profundos de intimidad y pasión. Esto puede ocurrir después de un proceso de aprendizaje con un número de relaciones con otras almas pertenecientes al grupo de las conecciones kármicas, provenientes de vidas pasadas, las cuales han durado hasta sus etapas de ruptura.
Creer en Almas Gemelas significa estar abiertos a todo lo que el destino tiene para ofrecernos.
La definición más concisa sería: un alma gemela es la pareja que puedes encontrar en un nivel espiritual.
Son esas dos mitades que anduvieron errantes por muchas vidas, buscándose mutuamente hasta volverse a encontrar.
La historia de ambas no pertenece al mundo material.
Ellas se despiertan a partir de una enorme fascinación por el mundo espiritual.
En un principio, las almas originales son mezcla de varón y mujer.
Cuando se encaminan desde el universo al mundo terrenal, estas almas se dividen en dos: las funciones varoniles se recubren de un cuerpo de hombre y las femeninas de un cuerpo de mujer.
Desde entonces se buscan y atraen a lo largo de los tiempos y de las reencarnaciones hasta encontrarse, al llegar ambas a un nivel de conciencia elevado para formar otra vez una unidad armoniosa.
En cada una de esas almas queda guardada toda la memoria del tiempo en que eran una sola y esto es lo que les permite reconocerse en el momento determinado.
No hay dicha más grande en el plano físico que la unión matrimonial de dos almas gemelas. Pero ésta debe ser ganada en términos de crecimiento de la conciencia, a través de muchas vidas.
El encuentro de las almas gemelas se produce cuando ambas han alcanzado el nivel en que pueden valerse por sí mismas en soledad; cuando no necesitan de muletas y pueden ofrecerse libres y sin quiebres.
El alma es la parte intrínseca que sobrevive a la muerte física. Por eso las almas no mueren nunca y si no han aprendido todo lo que necesitan saber en un cuerpo, obtienen otro al nacer y de esa forma continúan con su educación.
Las almas gemelas existen desde que existe la vida y todos tenemos en algún punto del espacio y del tiempo nuestra alma gemela.
Este es un tema que desde muy antiguo ha encendido la imaginación humana, la idea de la “media naranja”, de ese ser que es como uno mismo y que está en alguna parte.
Muchos nacen con la impresión de que llegaron a este mundo con un compromiso previo de encontrarse aquí con otra alma muy amada, desde antes de nacer. Tienen esa impresión desde niños, aun desde antes de haber siquiera sabido que ese tema, el de las almas gemelas, es una materia que ocupa seriamente a un gran sector humano y desde los tiempos más remotos.
Ya desde Platón se habló de ellas. El psicoanalista discípulo de Freud, Jung, hizo abundantes aportes al respecto, y muchas líneas de estudios espirituales consideran el tema de una forma muy destacada.
El hecho de haber nacido con sólo la mitad de los atributos sexuales a disposición del ser humano debería llevarnos a reflexionar: ¿estamos incompletos? ¿No será esta carencia física un reflejo de otra carencia a nivel espiritual?
La mujer mira la vida desde cierta óptica, el hombre desde otra, ¿cómo puedo alcanzar una visión más total y completa, más abarcante, si estoy limitado por los condicionamientos que me impone mi sexo?
Desde el punto de vista del espiritualismo, es verdad que estamos incompletos.
En el Génesis, 1:26-27 se dice que Dios creó al hombre, “varón y hembra los creó”. Eso fue en el sexto día, y en el día séptimo reposó.
Pero más adelante, en Génesis 2:4 se dice que no había hombre que labrase la tierra, (???), entonces, sólo entonces se dice que Dios tomó un trozo de barro e hizo a Adán, y mucho más tarde hizo a Eva.
¿Adónde estaba entonces ese ser “varón y hembra” del día sexto?
Estaba en otros planos, no en la tierra. Ese “varón y hembra” del día sexto es la llamada Mónada, el ser espiritual que tiene en sí las dos partes. Allí estabas tú más tu otra mitad, y el descenso a la tierra se hizo en forma separada.
Es por eso que muchos hombres y mujeres sienten la falta de esa otra mitad, y por eso albergan la esperanza de un maravilloso encuentro o reencuentro.
¿Por qué crea Dios un sistema de, primero desgarro, separación, y luego de muchísimo tiempo y perfeccionamiento el reencuentro?
Porque como es arriba es abajo. Porque también en el fondo de nuestras almas tenemos la sensación de haber sido arrancados de la Unidad con Dios, (caímos, fuimos expulsados del Paraíso) y de algún modo sabemos que todos los esfuerzos por perfeccionarnos, vida tras vida, están encaminados a volver a unirnos con el Todo, a regresar al Paraíso.
Dios nos creó un doble desgarro entonces… ¿Por qué? ¿Para qué tanto sufrimiento y trabajo? ¿No bastaba con dejarnos siempre con Él y no separarnos jamás? ¿Y por qué tuvimos que ser separados de nuestra otra mitad? ¿Para qué tanto dolor si al final volveremos a estar donde siempre estuvimos y con quien siempre estuvimos?
Volveremos, sí, pero no seremos los mismos del principio, ahora habrá una gran diferencia.
¿Quién valora más la luz, aquel que siempre estuvo en la luz y no conoce otra cosa más que la luz?
¿O aquel que salió de la luz, descendió a las sombras, sufrió el dolor del desgarro, de la separación, de la incompletud, del pecado, pero al fin superó las sombras, encontró el camino de regreso y volvió al amor y a la luz?
¿Cómo se puede valorar lo que jamás se ha perdido?
Este es el mayor secreto de la existencia.
”¿¡Qué es el hombre, Señor”, dice un Salmo, “que le has hecho mayor que los ángeles del Cielo?!”…
¡La Biblia dice que el hombre es superior a los ángeles del Cielo!
Claro, porque estamos más avanzados que ellos. Ellos son como nosotros fuimos. Ellos todavía no salen del Reino, de la Gloria de Dios. Siempre han estado en la Luz y no conocen otra cosa, prácticamente no tienen libre albedrío, no pueden hacer otra cosa que bien y bien y bien, y allí no hay “gracia”…
En cambio poder escoger entre el mal y el bien, y decidirse por el bien, con la lucha que a veces ello implica, allí sí que hay mérito, porque no es tan fácil.
Es muy distinto un ángel que está en la Luz pero que no conoce las sombras, que otro que está en la Luz gracias a todo un tránsito de eones por las sombras, con todo un gran esfuerzo evolutivo que le permitió por fin volver de regreso a la Luz, pero entonces es mucho más que un ángel.
Es la misma diferencia entre aquel que siempre fue rico y el que antes fue pobre y ahora es rico. ¿Quién disfruta más de la riqueza?
Es como aquel que fue ciego y recupera la vista, ese la valora mucho más que nosotros, que jamás hemos conocido la ceguera, y por eso normalmente miramos sin “ver”.
Así se puede estar en el Paraíso y junto al alma gemela casi sin darse cuenta.
¡Toda la evolución es sólo para llegar a Darse Cuenta!
No es igual ser parte de una Mónada que jamás se ha dividido que ser parte de otra que acaba de reencontrarse luego de eones de separación.
Las dos mitades de la mónada fueron separadas, igual como el hombre fue expulsado del Paraíso.
Fueron lanzadas a descender a las sombras, a los bajos planos de existencia, evolucionando separadamente cada mitad, conociendo toda la degradación y todo el dolor que produce estar muy lejos de la Luz del Amor.
Y llegados al punto más bajo emprendieron el ascenso, evolucionando de vida en vida, siempre buscándose, siempre intuyéndose, sin olvidar jamás aquella presencia amada, porque el amor transciende eones y tiempos infinitos, porque el tiempo no es real, mientras que el amor es lo único real.
Y luego de una o muchas vidas dedicadas al servicio, el reencuentro, un reencuentro capaz de ejercer una influencia positiva inmensa en el mundo en donde ellos estén.
Algunos se encontraron muy jóvenes, sin tiempo para haber prestado un gran servicio, pero ¿y en sus vidas inmediatamente anteriores?
Y el hecho de ser o no almas gemelas quedará demostrado como verdadero por los siguientes factores:
No se pueden fraccionar ni dividir, y no pueden dejar de servir.
Porque el encuentro de las dos mitades es producto de una gran elevación de la conciencia, y cualquier real elevación de conciencia lleva inmediatamente al servicio, a ayudar a los demás, y a cuantos más, mejor.
(Enrique Barrios)


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