CAMINAR Y MEDITAR…
septiembre 2, 2009 by LUNA
Filed under Meditaciones
Caminar es una meditación natural que las personas practican sin darse cuenta. Una paseo al amanecer a la orilla del río o por calles apartadas al salir del trabajo pueden ser su forma de relajarse. Le proporciona tiempo para ponerse en contacto consigo mismo o con la naturaleza.
Tal vez no se de cuenta, pero está siguiendo los pasos de los antiguos hechiceros indios. Los alumnos de Buda no eran monjes (eso vino después), sino que eran «vagabundos» o «sin techo» que se sacudían el polvo de la vida ciudadana que llevaban en los pies y seguían su camino.
Caminar es una postura de meditación tan antigua como la de sentarse. Los aborígenes australianos hacen marchas, los indios americanos salen en busca del espíritu, los jóvenes dejan las cómodas certezas del hogar paterno para encontrarse a sí mismos. El caminar nos recuerda nuestras raíces nómadas, cuando no poseíamos nada y nos enfrentábamos cada día a un mundo nuevo.«Deja tu tierra para despertar», decía Buda. Alentaba a sus discípulos a no pasar más de tres días en un mismo lugar (excepto durante la estación de las lluvias), por lo que caminaban mucho, actividad que luego se convirtió en prácticas conscientes de meditación.
Es igual de fácil estar relajado y consciente mientras caminamos que mientras estamos sentados. Algunas de estas prácticas son muy sofisticadas. Los monjes zen caminan en círculos, sincronizando sus pasos. Un monje birmano camina dando pasos extremadamente lentos, notando cada micromovimiento del pie. Las disciplinas de kung fu y tai chi tienen su origen en las meditaciones budistas realizadas de pie y caminando. (El primer patriarca zen de la China es el fundador del kung fu.)
Dado que caminar es una postura de meditación, igual que estar sentado o acostado, se aplican las instrucciones habituales: comodidad, equilibrio, vigilancia. Intentamos caminar cómodamente, sin exceso de tensión. El cuerpo debe estar recto y equilibrado para permitir libertad de movimientos. Se puede caminar para un lado y para otro en una habitación, o en una franja de suelo de unos 20 pasos de largo. Esto disminuye las distracciones visuales que se darían en un parque, por ejemplo.
Siguiendo la meditación birmana, caminamos lentamente para notar los cambios precisos de sensación cuando el pie se levanta, se mueve y pisa el suelo. Cuando nos esforzamos por notar detalles cada vez más sutiles, los pasos naturalmente se vuelven más lentos. Cruzar la habitación puede llevar media hora. Verbalmente seguimos cada etapa: «levantar… mover… bajar… apoyar… etc» y eventualmente llegamos a notar el comienzo y el final de cada etapa.
Esta práctica sirve para desarrollar una conciencia exacta momento a momento. Los pensamientos extraños desaparecen completamente.
La meditación que realizamos sentados, por otro lado, tiende a desarrollar tranquilidad, que normalmente es suave en los bordes. Alternar caminar y sentarse en un retiro combina el yin y el yang y puede proporcionar una profundidad y una claridad extraordinarias.
La meditación hecha caminando se puede integrar más fácilmente en la vida diaria si se practica informalmente, por ejemplo cuando vamos al trabajo a pie. Como caminamos con mayor rapidez, es más fácil concentrarse en el equilibrio de todo el cuerpo que en los movimientos individuales de cada pie. Podemos notar que la alineación muscular del cuerpo se altera con cada paso que damos. Generalmente fijo mi mente en el centro de gravedad de mi cuerpo. Tanto la meditación sobre la respiración o la revisión corporal se pueden hacer mientras caminamos.
Meditar con los ojos abiertos puede resultar difícil al principio, ya que normalmente los ojos saltan de una atracción a otra sin parar. Están siempre observando la escena con pequeños movimientos de los que raramente nos damos cuenta. Cuando estamos ansiosos, los músculos que mueven los globos oculares se tensan, los ojos se mueven con mayor rapidez y las ondas cerebrales permanecen en estado beta.
Intente entonces desconectar los músculos que mueven los ojos y déjelos quietos en sus cuencas. Para ayudarse, fije los ojos en un punto en la distancia (un árbol o un coche) y diríjase hacia ese punto. Esto le mantendrá la cabeza centrada y la ayudará a no mirar hacia los lados.
Trate de recordar cómo se sienten sus ojos mirando una puesta de sol, disfrutando de un cuadro u observando a alguien que ama. Generalmente se sienten suaves y amables. Las ondas cerebrales alfa están presentes. Recree esa clase de sensación en sus ojos al caminar.
Caminar es una postura, como sentarse, en la que se puede practicar cualquier meditación. Si se siente encerrado en la meditación básica caminando, es posible tomar otros caminos. En lugar de concentrase en el cuerpo en movimiento, nos podemos concentrar conscientemente en otras cosas. Lo mejor es nombrar el objeto elegido como un mantra a medida que espiramos.
Estas son algunas de las posibilidades:
1. «Sonido». Al caminar, explore conscientemente todo el espectro de sonidos que le rodea. Mantenga un poco los sonidos en su mente cuando ya se han apagado. También puede hacer lo mismo con «olfato» (apropiado en calles suburbanas a la hora del té) o «vista».
2. «Sensación». Permita que su mente se detenga un momento en cualquier objeto sensorial que llame su atención. Deje que las cosas aparezcan y pasen de forma espontánea. Su mente automáticamente se sentirá atraída por esto o aquello: un gato subido a un poste, un charco, un insecto, el olor de los gases de coches, la falda de una mujer, y así sucesivamente. Si las sensaciones son conscientes, es que está usted meditando. Pero recupere su mente cuando se pierda entre los pensamientos.
3. «Color». Fíjese qué colores lo atraen. De una mirada rápida trate de ver la tonalidad de un objeto sin investigarlo. Extraiga el color e imprímalo en su mente, de modo de poder llevarlo consigo unos metros cuando el objeto haya salido de su campo de visión.
4. «Viento». Concéntrese principalmente en el aire que le da en la cara cuando camina. Se trata de una práctica hermosa incluso en ausencia de brisa.
5. «Espacio». Diga la palabra «espacio» a medida que abarca la sensación del cielo encima suyo. Interiorice la sensación e imagine que su cuerpo se vuelve espacioso.
6. «Luz». Observe la calidad de la luz en todos lados. No se concentre en los árboles en sí, sino en la luz que se filtra a través de ellos. No se concentre en el edificio, sino en la luz que desprende. Al igual que en la meditación «espacio», interiorice la luz para poder sentir que brilla desde dentro.
7. «Paz». Siéntase caminar en armonía consigo mismo y con el mundo. Que sus pasos sobre la tierra sean pacíficos. También puede usar cualquier otro mantra o afirmación.
8. Por la noche, cuando haga una meditación sentado, repase mentalmente los objetos que destacaron durante su meditación caminando. Saboree nuevamente la sensación de cada uno de ellos.
Las directrices básicas para cualquier meditación siguen siendo válidas para las que se acaban de describir: relajarse, concentrarse en una cosa, recuperar la mente cuando se distraiga. El arte de la meditación es sacar conscientemente al frente una parte de su experiencia y dejar que el resto permanezca en el fondo. Las meditaciones hechas caminando fácilmente pueden convertirse en un placentero paseo si no tenemos cuidado. Aunque estemos meditando, igualmente necesitamos saber dónde está la mente en cada momento.
Yo sugiero que sea sistemático para sacar el máximo provecho de estas meditaciones. Se dice que una información debe recibirse cuatro veces antes de que pase de la memoria corta a la memoria a largo plazo; probablemente haya observado este principio con los números de teléfono. Del mismo modo, los maestros de meditación dicen que cualquier ejercicio debe hacerse al menos tres veces durante tres días seguidos para que quede fijado en la mente. Luego se puede escoger en cualquier momento.
La meditación hecha caminando lleva la práctica a la calle. Equilibra las tendencias introspectivas de sentarse. Esto normalmente nos proporciona una mayor empatia con la naturaleza y nos sentimos más cómodos en el mundo en general.
(Aprenda a Meditar : Eric Harrison)


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