Meditacion en Movimiento
diciembre 19, 2008 by admin
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Meditación en movimiento
Muchos saben que, en medio de sus ajetreadas vidas, necesitarían tomarse un respiro, pero les resulta muy dificultoso poner “un pie en el freno”. Para ellos, la “meditación en movimiento” puede ser la solución.
Muchos conocen los grandes beneficios de la meditación, que entre otras cosas pueden reducir el estrés, la tensión, aumentar la paz interior y la sensación de bienestar, mejorado la concentración, y proporcionando momentos de calma durante los días más agitados. ¿Sin embargo… como lograr ésta misma meditación, cuando a uno le resulta casi imposible “desenchufarse” de la rutina diaria?
Muy probablemente, tu caso sea el mismo que el de cualquier habitante urbano, que, atrapado por la vida moderna, experimenta grandes dificultades para poner un freno a sus movimientos diarios. Por lo tanto, si no puedes lograr sentarte o acostarte el suficiente tiempo como para relajarte, o bien concibes a la meditación formal como otro tipo de práctica espiritual que, simplemente, te resulta imposible lograr, sería tiempo de probar realizarla… en movimiento, es decir caminando.
Una caminata al aire libre puede convertirse en una especie de meditación móvil, si tienes en cuenta los siguientes cinco puntos:
Estar atento y consciente de tu respiración, tener muy en cuenta el espacio en que la misma se desarrolla, estar atento al movimiento de tu cuerpo, planificar y cumplir correctamente determinados tiempos, y tomar un cierto período como para reflexionar sobre tu experiencia, cuando vuelves a tu casa.
Una meditación móvil o por caminata, es simplemente un ejercicio de conocimiento interior, por lo que nos referiremos a esta práctica como un “conocimiento mediante caminatas”.
1. Focalizar la respiración
Para comenzar, deberás tomar aviso de tu propia respiración. ¿Te encuentras bajo los efectos del estrés, y sueles tomar respiraciones leves y cortas, incluso sin saberlo? Si es así, realiza tres respiraciones lentas pero profundas, inhalando a través de la nariz, y exhalando a través de la boca. Tomarte un tiempo como para concentrarte en tu respiración, será muy importante, ya que será la señal de que tu cuerpo, mente, y espíritu, se encuentran uniendo sus diferentes espacios.
De esta forma, podrás separarte a tí mismo de muchas de las cosas que pueden presionarte diariamente, como tu jefe en el trabajo, los gritos de tus hijos, un contestador automático o una casilla de mails sobrecargadas, o un cuarto de baño que necesita ser aseado. (Si ningunos de los elemento estresantes, comunes en la vida diaria del habitante urbano, son logrados erradicar, se irán acumulando y “alojando” en el propio interior). La idea, sería que logres dejar en el camino todas estas complicaciones… ¡en tu misma caminata! Concentrarte en tu respiración, te ayudará mucho a hacer esta transición.
2. Conociendo tu ambiente, siendo parte del mismo
El segundo paso a tomar, tiene que ver con estar muy atento al ambiente en que se desarrolle tu “caminata interior”. ¿Qué estación del año estás transitando? Si estás en un área urbana, o suburbana, tómate algunos minutos para escuchar los ruidos que fluyen alrededor tuyo. Siente el viento, el sol, la niebla, o incluso los rayos de luz pegando contra tu cara. Mira al cielo, a los árboles, a los edificios, a los pájaros, a los animales, o a la gente que puede estar a tu alrededor.
Realiza también algunas inhalaciones bien profundas, y trata de sentirse como parte integrante de ese mismo ambiente, justo en el punto en el que te encuentras en ese momento. Esta conexión e interconexión con el mundo natural, te ayudará a orientarte en tu camino, tanto literal como metafóricamente.
3. La importancia del cuerpo
Prestar atención a tu cuerpo, será el tercer paso de esta práctica. Comienza explorando tu cuerpo para ubicar cualquier área de tensión que pueda hallarse en el mismo. Los lugares más comunes donde estos puntos se alojan, son el cuello y los hombros, el área del plexo, en la espalda, y en las piernas. Intenta respirar profundamente, y sentir que áreas se sensibilizan más, para encontrar la tensión que se encuentra en esos puntos.
Luego, ten en cuenta tu postura. Camina de una forma que te sea cómoda , pero no floja. Lo ideal, sería que tu cuerpo tenga una combinación de relajación y entereza, tanto como te sea posible. Entonces, has lo que sueles hacer naturalmente, es decir poner un pie delante del otro. Lo mejor es esforzarse para lograr un paso firme y con ritmo. Recuerda, no estás jugando ninguna carrera, ni tienes que llegar a prisa a ningún lado.
4. Tiempos y experiencias
No hay tiempos mínimos ni máximos para esto, aunque lo ideal sería no hacer menos de diez a quince minutos. A medida que camines, presta la atención a la experiencia de tus movimientos. ¿Puedes sentir los músculos en tus piernas, que se contraen y/o relajan? ¿Cómo sientes la brisa al chocar contra tu cara y cuerpo? Deja que tu mente esté tan abierta como te sea posible, estando enterado que todo lo que experimentas, desde lo más profundo hasta el mínimo detalle, y de cómo todos los factores estresantes que alteran tu vida comienzan a gritarte para obtener tu atención. Ese será el punto a lograr: tu los dejaste venir, pero también estás logrando hacerlos pasar de largo, por fuera de tu organismo.
5. Regresando a casa
Finalmente, cuando vuelvas a tu casa, toma de cinco a diez minutos para reflexionar sobre tu experiencia. Esto proporcionará un cierre a tu caminata, y te permitirá lograr la transición necesaria entre los mundos interconectados de tu cuerpo, tu mente, y tu alma, para coordinarlos en un tiempo único. ¿Qué diferencias experimentas ahora mismo, en comparación con los minutos antes de la partida? ¿Cómo influyeron los vientos, las pendientes, y los diferentes recorridos de tu camino? ¿Qué fue lo que te resulto más costoso? ¿Qué fue lo más placentero? ¿Dónde obtuviste una mayor fuente de energía y vitalidad? ¿Cuáles fueron los pensamientos más positivos y negativos que experimentaste durante la caminata? ¿Ellos se han modificado?
Todas estas preguntas, formarán parte de otra meditación, una meditación no-móvil, pero que te será mucho más sencillo de lograr después de tu caminata. Las “caminatas de conocimiento” pueden ser fácilmente realizados en medio de otro camino, el de tu vida diaria, apartando sólo un breve tiempo al principio o al final del día, o bien en el trayecto hacia alguno de tus destinos. Este ejercicio, es una práctica ideal para la gente de acción, ya que no es necesario realizar un brusco freno a sus vidas de movimiento y actividad.

