LAS CUATRO PREGUNTAS BASICAS……
abril 13, 2010 by LUNA
Filed under Crecimiento Interior
Dentro de cualquier paradigma o lente por la que escogemos mirar e interactuar con la vida, se puede decir que hay algunas preguntas básicas cuya respuesta nos permite acercarnos a saber la esencia del paradigma y también nos permite probar su sabor. El saber tiene sabor ya que el sabor es como un puente entre lo visible y lo invisible. Algunos ingredientes específicos, unas cien enseñanzas sobre el Camino del Sabor, se encuentran en el libro “Enseñanzas”. Aquí lo que quiero explorar son lo que llamo las cuatro preguntas básicas, y te invito a que las respondas interiormente para que seas consciente de algunas de tus creencias.
La primera pregunta es si la vida es amistosa. En una entrevista que hicieron a Einstein le preguntaron sobre qué era lo más importante que se podía saber acerca del universo físico; tratándose de Einstein la respuesta esperada era una complicada formulación física y profunda, pero Einstein respondió:
- “La pregunta básica es si el universo es amistoso. Por supuesto -dijo- es infinito, misterioso y jamás sabremos todo lo que se puede saber sobre él, pero por fin lo más importante es saber si está de tu parte o está en contra tuya.”
Uno cree que algo es amistoso cuando eso reacciona a sus expectativas. Si la vida está de tu parte es posible que siempre esté de tu parte, incluso en aquellos momentos en que parece todo lo contrario. Todos nosotros hemos vivido experiencias de forma negativa, pasa un tiempo y ocurre algo que vivimos de forma positiva, y reflexionando nos damos cuenta de que si no hubiera pasado lo primero tampoco habría pasado lo segundo; te pongo un ejemplo, te despiden del trabajo, como estás parado y no quieres quedarte en casa, te paseas por la calle en horas de oficina y te encuentras a un amigo que no veías desde hacia años que precisamente buscaba a alguien de tus características para un proyecto y te ofrece un trabajo mejor del que tenias antes; si no te hubieran despedido, lo más seguro es que no te habrías encontrado a ese amigo porque hubieras estado en la oficina. Esto le ocurrió a un amigo mío, pero estoy seguro que a ti te han ocurrido cosas parecidas.
Hay mucha gente que cree que el universo no es amistoso, y esto puede empezar en el mismo momento del nacimiento. Imagina que estás nueve meses muy cómodo, oscurito, te alimentan, estás calentito y un buen día, de golpe, empiezan unos movimientos bruscos, incluso a algunos bebés que vienen del revés los cogen con unos hierros fríos por la cabeza, los sacan, los cuelgan boca abajo y los sacuden para que lloren. Es posible que donde los llevan, lejos de su madre, no estén a la misma temperatura y pasen frío. Con toda la buena intención del mundo, les ponen un foco delante de los ojos para limpiarles – y no creamos que porque son muy pequeños no son conscientes, al revés, son más conscientes que los mayores -, en estas circunstancias es muy fácil que el bebé intuya:
“Yo no sé dónde estoy, pero sea lo que sea, estoy seguro de que este sitio viene a por mi, este sitio no es amistoso”.
Uno decide y así es. La vida tiene una cosa muy curiosa y es que siempre te da la razón. Si crees que la gente es mala y que va a por ti, te aseguro que esa será la gente que atraerás a tu vida. Si tenemos una percepción de la vida o una creencia concreta, la vida nos las confirma. Es muy cómodo decir que te pasan cosas malas por culpa de los demás. Nadie es responsable de todo lo que ocurre en tu vida, sólo tú. Si te ocurre algo que interpretas como desagradable es lógico que la primera reacción sea tristeza o enfado, lo importante es que esa reacción te dure el menor tiempo posible y preguntarte cómo eso que te ha pasado podría apoyarte ahora mismo o en el futuro. Cuando te planteas esa pregunta, por lo menos estás admitiendo varias posibilidades y amplías tu campo de visión, no te limitas sólo a ese hecho que al principio habías considerado desagradable y dejas de juzgar. En esos momentos la vida te suele dar la contestación.
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La segunda pregunta es si nosotros creamos nuestras propias experiencias o somos víctimas de ellas, y aquí tienes que definirte, o siempre eres víctima o siempre eres creador, las dos cosas no son posibles, o una u otra. Cuando uno hace algo que le sale bien, por ejemplo, alguien que emprende un negocio rentable, se siente orgulloso y se cree que es el mejor. Pero cuando sale mal, cuando no va como uno quiere, dice: “esto es la crisis, son los trabajadores que no cumplen, es el gobierno o la competencia”. Uno prefiere dormirse y hacerse la víctima. Lo siento si es que te llevas un desengaño pero ambas cosas no son posibles; si piensas que eres el creador de las cosas buenas que te ocurren, aplicando la misma lógica, habrá que admitir que también eres el creador de aquellas experiencias de las que no estás tan orgulloso. Cualquier cosa que te ocurre, de alguna forma la has creado tú. Esto es fácil de explicar pero difícil de entender si te arrolla un camión. Si después de atropellarte un camión en un paso de peatones te digo que esta experiencia te la has creado tú, me responderás que estoy loco y que eso no es cierto porque, entre otras cosas, no eres masoquista. No, no es que seamos masoquistas, lo que ocurre es que la vida nos ha dado un grito simplemente porque no hemos escuchado sus anteriores mensajes. Tú has creado una fuerza en una dirección, has creado un movimiento energético, autodestructivo y la vida te ha respondido con el camión. Imagina que es un idioma y que el camión es la metáfora de ese idioma. Los acontecimientos externos son una metáfora perfecta de nuestras creencias interiores. Exteriormente los opuestos se atraen, interiormente lo igual se atrae, ahora ya sabes cómo se crean las cosas, si uno cree que el mundo y las personas son antagónicas, uno suele atraer este tipo de persona a su vida o juzgar cualquier gesto de otra persona como algo que n’ te va a apoyar, normalmente cuando te ocurren cosas que interpreta que son desagradables, es porque has transgredido alguna ley espiritual.
Todo lo que ocurre es una creación global que solemos ver de forma fragmentada, es decir, acontecimientos aislados y sin relación como sólo vemos los últimos pasos de todo el proceso, creemos que se trata de una relación causa-efecto, lo que nos convierte en víctima y parece que todo lo que ocurre está fuera de nuestro control. El proceso creativo tiene poder, que es lo que manifestamos y proyectamos en el mundo. Esta proyección del poder personal es como darle vida a nuestra creación, aunque como la vivimos no siempre es agradable. Hay mucha gente que no quiere aceptar que todo lo que nos ocurre lo hemos atraído nosotros, como tampoco aceptan que haya gente que elija nacer en India, o tener unos padres que le maltraten. Hay que tener en cuenta dos cosas a este respecto, primera no elige el ego sino el alma y segundo, una vida entera representa solo un pestañeo, un abrir y cerrar de ojos en el contexto de la eternidad. El alma es eterna.
Estas preguntas no son para analizarlas intelectualmente, son para experimentarlas. Ten en cuenta la posibilidad de que la vida funcione de otra manera y espera a ver que pasa.
Imagina que te digo que hagas una lista con las diez mejores fiestas a las que has asistido en tu vida; has asistido a muchas, seguro que han sido más de diez las que estaban bien, pero te cuesta hacer memoria de ellas salvo una o dos que recuerdas fácilmente por lo excepcional. Pero si te digo que hagas una lista de todas las personas que te han hecho daño, que te han herido en algún momento de tu vida, seguro que con diez no tienes ni para empezar, encabezando la lista por ti mismo, tus padres, tus amigos y añadiendo además a los extraños. Uno está convencido de que esa persona le hizo eso, la otra aquello y se queda grabado en nuestra memoria, es como si una parte de nuestra energía se hubiera quedado enganchada en ese acontecimiento. Cuando pasa algo agradable no nos queda grabado. Uno se abre y la energía fluye libremente, por eso es más difícil cuando uno se lo pasa bien acordarse de demasiados detalles.
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La tercera pregunta es si estamos locos. Ningún médico dirá de uno de sus pacientes que está loco, a no ser de forma coloquial entre sus colegas, sino que dirá en sus informes que es esquizofrénico, paranoico o maníaco depresivo. Estar loco es una referencia social, entre lo aceptable y lo no aceptable. Si hace veinte años se hubiera visto a un punky con su cresta coloreada paseando por la calle, le habrían ingresado en un manicomio por manifestar un síndrome antisocial, y ahora aunque se le sigue viendo un poco como un bicho raro, ya no está tan mal como para ingresarlo. La locura es relativa, todos estamos un poco locos porque todos tenemos pensamientos, experiencias y reacciones distintas. Por definición estamos locos, somos diferentes de la misma manera que nos distinguimos por nuestras huellas dactilares.
Acerca de esta tercera pregunta hay que tener en cuenta dos aspectos, primero, se gasta una enorme cantidad de energía intentando convencerse uno mismo de que no está loco, igual que un borracho lo primero que dice es que no está borracho. Suelta el control de tu propia mente, acepta tus pensamientos y aprovecha esta energía perdida.
El segundo es que la aceptación de las locuras o de las ideas que te parecen locuras, son el primer paso para llegar a un nivel que está por encima de esta tercera pregunta, que es dejar de juzgar si estas loco o no. No tienes porque identificarte con tus pensamientos. Cuando se te ocurre algo, te parece que el cuerpo tenga que acompañar con alguna acción al pensamiento. Hay una identificación con los pensamientos que hace que te enganches a ellos. No hay que implicar al cuerpo siempre que se te pasa algo por la cabeza. Debemos vernos a nosotros mismos como almas, como seres energéticos. Un alma no está nunca enferma, no la puedes matar. Nuestras relaciones son energéticas, de alma a alma. Físicamente la relación puede ser de padre a hijo pero el amor no es una relación física, es energética. Puedes leer el libro desde el punto de vista de que eres un ser energético, no de que eres un cuerpo.
Pregúntate hasta qué punto eres lo suficientemente rico para darte cuenta de que todo lo que pasa por tu mente, incluso lo que llamas locuras, tiene un aspecto beneficioso para ti.
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La cuarta pregunta es si somos estúpidos, que es quizás pregunta más importante. Hay personas, algunas incluso con varios títulos académicos a las que considero estúpidas porque ellas mismas se ponen limitaciones al ir de entendidas. Uno se cree que porque una cosa ha ocurrido cien veces de una manera ya no puede ser de otra distinta y eso es vivir el pasado. Una estadística sobre un determinado suceso, como por ejemplo, si lloverá o no, es una agrupación de datos que puede dar como uno de sus resultados la probabilidad de que llueva o no un día determinado; decir si lloverá o no mañana, es ir de enterado. A cada instante uno puede preguntarle a la vida sobre un hecho determinado y cada pregunta incluye la respuesta sí o no, las estadísticas no sirven. Ser estúpido es poner de antemano limites que no tienen porque estar.
Cuando debas tomar una decisión entre lo conocido y lo desconocido, elige lo desconocido y asume un grado de riesgo; piensa en lo peor que puede pasar, a veces lo peor no es tan malo y te puedes arriesgar. Si tienes que elegir entre saltar desde un tercer piso o no, lo peor que puede pasar es que te mates o te quedes inválido y quizás aquí el riesgo sea demasiado alto, pero ante las decisiones a las que enfrentas normalmente, el riesgo no suele ser tan alto y ahí si que te la puedes jugar.
La educación y la experiencia tienden a hacernos estúpidos; la base de la educación es que el pasado trae el futuro y esto no es correcto, es el presente el que trae el futuro. La vida no intenta mantener sus secretos, tú debes tener ojos para verlos.
Si vives estas cuatro preguntas, uno de los resultados con mayor trascendencia es que empiezas a escuchar la información de tu interior. Si sabes cómo empezar a relacionarte con este idioma creativo interior, te parece que has montado en una nave espacial y estás en otro planeta, porque todo lo que antes no tenía vida ahora la tiene y además te habla.
(Erik Rolf)


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