BIEN Y MAL SUFRIR

agosto 1, 2010 by  
Filed under Crecimiento Interior

Cuando Cristo dijo: “Bienaventurados los afligidos, el reino de los cielos les pertenece”, no se refería de modo general a los que sufren, visto que sufren todos los que se encuentran en la Tierra, quiera ocupen tronos, quiera yazgan sobre la paja. Pero, ah! pocos sufren bien; pocos comprenden que solamente las pruebas bien soportadas pueden conducirlos al reino de Dios.

El desánimo es una falta. Dios os recusa consolaciones, desde que os falte coraje. La plegaria es un apoyo para el alma; pero, no basta: es preciso que tenga como base una fe viva en la bondad de Dios. Él ya muchas veces os dijo que no coloca fardos pesados en hombros débiles. El fardo es proporcional a las fuerzas, como la recompensa lo será a la resignación y al coraje. Más rica será la recompensa, de que penosa la angustia. Cumple, no obstante, merecerla, y es para eso que la vida se presenta llena de adversidades.

El militar que no es mandado para las líneas de fuego se queda descontento, porque el reposo en el campo no le faculta ninguna ascensión. Sed, pues, como el militar y no deseéis un reposo en que vuestro cuerpo se enervaría y se entorpecería a vuestra alma. Alegraos, cuando Dios os envíe para la lucha. No consiste ésta en el fuego de la batalla, pero si en los amargores de la vida, donde, a veces, de más coraje se es preciso de que en un combate sangriento, porque no es raro que aquél que se mantiene firme en presencia del enemigo pierda las fuerzas en las tenazas de una pena moral.

Ninguna recompensa obtiene el hombre por esa especie de coraje; pero, Dios le reserva palmas de victoria y una situación gloriosa. Cuando os advenga una causa de sufrimiento o de contrariedad, sobreponeos a ella, y, cuando hubieres conseguido dominar los ímpetus de la impaciencia, de la cólera, o del desespero, decid, de vosotros para con vosotros, lleno de justa satisfacción: “Fui el más fuerte.”

Bienaventurados los afligidos puede entonces traducirse así: Bienaventurados los que tienen la ocasión de probar su fé, su firmeza, su perseverancia y su sumisión a la voluntad de Dios, porque tendrán multiplicada por cientos la alegría que les falta en la Tierra, porque después de la labor vendrá el reposo.

Lacordaire. (Havre, 1863.)

Del Libro: “El Evangelio Según el Espiritismo”

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