LA ALEGRIA DE VIVIR……….
November 15, 2009 by LUNA
Filed under Crecimiento Interior
El niño, desde su más tierna infancia, ha de ser educado para la alegría poniéndole en contacto directo con el equilibrio, el orden, la fuerza y la belleza de los seres que le rodean. Ha de percibirlos, sentirlos y amarlos para sentirse y amarse a sí mismo como parte integrante de la maravilla del Universo.
Sí, se aprende a ser alegre y el aprendizaje de la alegría debería ser tarea primordial en el hogar y en la escuela. Si es verdad, como decía Romano Guardini, que “educamos más por lo que somos y hacemos que decimos….», ser adultos alegres, cambiar nuestras actitudes deprimentes, negativas y derrotistas por otras entusiastas, positivas y esperanzadoras, sería la conditio sine qua non de una educación para los valores humanos.
La alegría de vivir, la alegría de compartir con otros la propia existencia ha de ser potenciada, incrementada y enriquecida con la ejemplaridad del educador. Esta constituye uno de los elementos esenciales de su personalidad educativa: la encarnación de los valores que, con su ejemplo, presenta al educando de manera experiencial y viva. A mi juicio, el valor de los valores o el denominador común de todos ellos es, sin duda, la alegría.
Al erigirnos los adultos en mediadores entre el educando y el mundo de los valores, su asimilación quedará tanto más garantizada cuanto más los presentemos encarnados en nuestro ser y en nuestra conducta, marcados siempre con el signo inconfundible de la alegría.
El niño descubre la alegría al sentir su propia vitalidad y su propio cuerpo en perfecto funcionamiento. Los sentidos que le abren a la vida le enseñan a descubrir las primeras alegrías, marcadamente instintivas. De forma gozosa, la piel se alegra con los besos, y las caricias de la madre; los ojos disfrutan y se alegran con la variedad y matices de formas y colores: la boca se alegra con el placer que le produce la succión del pecho materno, y el oído se complace alegremente con todos los sonidos armoniosos que va percibiendo.
Paulatinamente, el ser humano va evolucionando hacia una alegría menos sensitiva y corporal y más interior, profunda y espiritual en la medida en que accede a la completa madurez mental y psíquica. La paz interior, la armonía y entendimiento con nosotros mismos y la aceptación de la realidad que nos ha tocado vivir preparan el camino hacia esa alegría sublime que pone en paz al hombre consigo mismo y con los demás, y que sólo es posible encontrarla engarzada y asociada a los más nobles sentimientos que anidan en el corazón humano.
Del Libro : Valores Humanos – Bernabe Tierno -

